6:15 a.m. - Llegamos al Estadio Olímpico en Ciudad Universitaria. Retiré mi ropa térmica para comenzar a calentar. 'El clima está excelente para correr', pensé, ni mucho frío ni mucho calor y el cielo se veía nublado. Hicimos algunas tomas del inicio de este gran día, un proceso, un ritual, una rutina albergada en mi memoria. Calenté, equipé mis geles, me coloqué los lentes, sujeté el número a mi short. Revisé que nada me lastimará y entonces me di cuenta que tenía que pasar al baño. Fue de esperarse.

6:48 a.m. - Minutos antes, encontré un baño portatil y la mejor opción fue usarlo. No es algo agradable pero lo más importante es sentirse cómoda. Troté unos minutos hasta el inicio de la fila y me sumé para entrar a la salida. Los maestros de ceremonia no paraban de hablar y mencionaron que la flama del Estadio Olímpico estaba encendida por la celebración del Maratón CDMX. Me pareció muy bello, me hicieron sentir como una verdadera atleta. Visualicé mi objetivo: disfrutar la fiesta. Traía conmigo una hojita de 42 razones para correr tanto, la toqué por última vez y comencé a correr.

7:22 a.m. - Todo Insurgentes se sintió muy bien. Trataba de controlar el paso pero a veces la emoción me ganaba. No de velocidad, sino de la porra. 'Las personas están presentes para gritar tu nombre', recordé y al mirar que sí habían personas reunidas, me ganaba la emoción, hasta la piel se erizaba. Yiye me dijo que ella, por correr con causa, portaría un distintivo con su nombre en la espalda, así las personas podría reconocerla fácilmente y fue cierto, pues yo misma pude identificarla. A lo lejos vi escrito Guille. No dudé en tocarle el hombro, echarle porras y seguir con mi camino. Minutos después escuché su grito de ánimo con mi nombre también y horas después me mandó la foto que me tomó.

9:34 a.m. - El cansancio en la espalda baja y la parte posterior de la pierna izquierda comenzaban a hacerme sentir cansada. En Reforma me ganó la emoción por la porra, hasta un señor corredor que estaba aflojando el ritmo, al rebasarlo me gritó: ‘Flaquita, traes buen paso y tremenda actitud’ y ahora estaba siendo consciente de que eso me cansó un poco más de lo esperado pero faltaban solo 2 km para encontrarme con Mariel y fue entonces cuando recordé que nunca le dije cómo iba vestida ni de qué lado la vería. Saqué el teléfono y como pude le mandé una foto y audio. Ella respondió de la misma forma y al escuchar su voz emocionada me motivó. Me di cuenta que en los últimos kilómetros no estaría sola y me sentí muy agradecida por su buena voluntad.

9:44 a.m. - Me encontré con Mariel, nuestros outfits eran de colores contraste y me pareció algo genial porque éramos match en la ruta y en nuestra vestimenta. Nos saludamos, nos preguntamos cómo nos sentíamos y sonreímos. Los kilómetros más difíciles estaban a raíz del horizonte, pero era una fiesta, así que guardé energías, agarré bien mi gel y fui consciente de mis zancadas.

10:16 a.m. - Íbamos corriendo por el km 35, ya sentía mayor pesadez y para contrarrestarla tomaba tres bolsita de agua, una para echarla en las piernas, otra para la cabeza y cara y otra para beber un poco o mojarme los labios, aparte tomaba un vasito de electrolito, la sed en este tramo es tremenda. Mariel me preguntaba como iba y me daba ánimos cuando aflojaba el paso. A ratos se colocaba frente a mí para que volviera a mi ritmo, o al menos yo lo tomé así, y funcionó. Estos kilómetros fueron muy bonitos, había mucha gente en la porra y eso me ayudaba a no desanimarme. Vi el Ángel y supe que pronto vería a mi mamá, a Nat y a las morras que se habían sumado pero no estaba segura de si habían llegado.

10:28 a.m. - Mariel me señaló donde estaba la porra, me emocioné mucho porque en eventos pasados no había tenido oportunidad de verlas. Vi a más mujeres y me sentí sorprendida. Recordé que hace un año éramos Nat y yo cubriendo el evento y con lo poco que pude razonar me di cuenta de lo que había avanzado el proyecto en este tiempo, esta era una de mis 42 razones y de pronto, el dolor en los pies me regresó al momento, por alguna razón, el adoquín del piso dolía como nunca, ya solo son 4km me dije, los 4 que nunca había corrido.

10:54 a.m. - Dicen que los últimos kilómetros se corren con el corazón. Yo agregaría que se llenan con la porra. El ambiente es muy bonito, de verdad. Las personas gritan tu nombre, te dicen que falta poco y con la energía que les queda, te cantan ‘si se puede’ acompañado de aplausos. Ellxs también están cansadxs de echar ánimos pero siguen porque seguro que están esperando a alguien o solo por diversión… Entré a la Calle 20 de Noviembre. Pude ver el asta con la bandera ondeando, ya solo faltaba 1km, tenía que aguantar un poquito ese dolor, por un par de minutos. Volteé a la derecha para mirar el lugar donde hace un año estaba colocado el equipo de Morras On Sports como porra y me imaginé a Lychee del 2022 mirando a la Lychee del 2023 corriendo su primer maratón. Seguro le hubiera gritado a todo pulmón. Me causó mucha nostalgia pensar en esto. Mi mente iba al 100 y recordé tantas cosas del último año.

11:01 a.m. - Crucé la meta. Dentro de mí hubo una revolución de emociones. Sí fue dramático este momento, no les voy a mentir. El dolor en el cuerpo, la mente tratando de entender que había logrado el objetivo o tratando de entender todo lo experimentado en las horas anteriores. Es algo muy extraño, posiblemente porque es algo nuevo y no sabes cómo sentirte. Es sentir paz, la adrenalina que corre por tu cuerpo y la confusión de ya no saber caminar pues por inercia tus piernas se doblan. Quieres seguir corriendo pero a la vez sabes que ya no puedes hacerlo.

Quisiera llegar a una conclusión pero, al menos hoy, no la tengo. Escribí esto para no olvidar todo lo que viví ayer. Tenerlo para que cada que lo lea, la piel se vuelva a erizar. Todas las emociones vividas fueron hermosas y permitirme sentirlas sin filtro es aceptar su imperfección, así como fue mi proceso de preparación.

Desde Febrero estuve entrenando para este día y hoy es el inicio de ‘los libros’. El proceso, aparte de difícil, implica mucho tiempo, dinero y sacrificios, que si bien tienen su merecida recompensa, para una persona promedio como yo a veces pueden pesar. También cuestiono mi decisión de entrenarme sola, sin embargo, no me siento lista para formarme con alguna entrenadora o, posiblemente, también está inclinada mi indecisión al contexto dónde me desarrollo. Dejaría tal cual fue este ciclo de entrenamiento porque todo llegó a su momento. Se sintió todo tan bien acomodado como cuando llegué a la meta.